La verdadera Montessori: “Usar ‘jugar’ para referirse a su método es un error”

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A pesar de que cada vez son más los centros que intentan adoptar el método de la italiana, la confusión es cada vez mayor. Una de las grandes expertas resuelve nuestras dudas.

Durante los últimos años, el método Montessori se ha convertido en uno de los recursos más atractivos entre las pedagogías educativas alternativas utilizadas en España. Son cada vez más los colegios e institutos que lo emplean en nuestro país, y una pequeña industria de juguetes, libros y productos ha florecido gracias a los padres que recurren a aquel método expuesto por la italiana Maria Montessori (1870-1952) hace ya más de un siglo.

Como bien explica Catherine L’Ecuyer, autora de ‘Educar en el asombro’ y ‘Educar en la realidad’, la falta de sistematización de sus escritos y las malas interpretaciones de algunos de sus seguidores han provocado que abunden las confusiones sobre el método Montessori. La canadiense afincada en Barcelona es una de las grandes expertas sobre Montessori en el mundo, como demuestra en su último libro, ‘Montessori, ante el legado pedagógico de Rousseau’, en el que no solo explica por qué es equivocado identificar a la italiana con la Educación Nueva, sino que analiza en profundidad su obra, vida y pensamiento para arrojar un poco de luz en la oscuridad.

“La Educación Nueva del siglo XX (y también la actual) aborrece el esfuerzo”

Producto de una investigación de más de cinco años patrocinada por Fundación SM y realizada en la Universidad de Navarra bajo la dirección de José Ignacio Murillo, que culminó en tesis ‘cum laude’, el trabajo es uno de los análisis más detallados de un método que con frecuencia se pierde en ritos vacíos y malas interpretaciones ajenas a las pretensiones iniciales de su autora. Charlamos con L’Ecuyer sobre la verdadera Montessori.

PREGUNTA. Su libro demuestra las grandes diferencias entre el pensamiento de Maria Montessori y el legado de Rousseau, que muy a menudo se han considerado equivalentes. ¿A qué se debe esta confusión?

RESPUESTA. Se suele clasificar a Montessori en la corriente del Romanticismo pedagógico, que nace de Rousseau y que acaba en la Educación Nueva del siglo XX. Esa asociación se debe a una lectura superficial de sus obras y a un desconocimiento de los hechos de su vida. Ella nunca se consideró a sí misma como continuadora de esa tradición y le molestó profundamente que la asimilaran a la ‘historia romántica’ del ‘Emilio’. La genealogía intelectual de Montessori no se remonta a Rousseau, sino al pensamiento de los filósofos clásicos, sobre todo al de Aristóteles.

P. ¿En qué cree que Montessori no compartía el planteamiento romántico?

R. No lo compartía en cuanto a rebelión contra la racionalidad, empirismo, importancia que se da a los sentimientos y a la imaginación productiva, libertad, disciplina, naturalismo, rol del Estado y cultura militante. Tampoco comulgó con los principios del movimiento de la Educación Nueva inspirado en Rousseau, que describió como “una revolución que aspira al desorden y a la ignorancia”.

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Catherine L’Ecuyer. (Foto: @GabrielBadiaL’Ecuyer)

P. ¿Por qué le parecía relevante dejar clara esta diferencia entre ambos?

R. La ola de populismo, que está a la orden del día en muchos países, tiene sus raíces en Rousseau. Las políticas y los contenidos educativos defendidos por esa ola tienden a ser antiintelectuales (con un desprecio creciente hacia el conocimiento), basadas en el sentimiento o en las emociones y niveladoras por la base (un igualitarismo demagogo que no responde a las características de cada alumno). Hay una lucha creciente en todos los ámbitos para convertir las aulas en un campo de batalla de la militancia social. En ‘El contrato social’, Rousseau ideó un sistema político en el que “cualquiera que se niegue a obedecer a la voluntad general, será obligado a ello por todo el cuerpo social: lo que no significa otra cosa que se lo forzará a ser libre”. ¿Cómo llevar a cabo el plan de ‘forzar’ a todos a ser libres obedeciendo la voluntad general? Empezando en la infancia.

P. ¿No tiene Rousseau la fama de dejar hacer?

R. Rousseau decía: “Que el alumno crea ser siempre el maestro y que siempre lo seáis vosotros. No existe sujeción tan perfecta como la que conserva la apariencia de la libertad; se cautiva así la misma voluntad”. ‘Emilio’ es un pseudo estudio de campo, una novela inventada con una muestra poco representativa: un niño, Emilio, un personaje ficticio. El mismo Rousseau reconoce que no era un tratado de educación. Es un manual de manipulación del futuro ciudadano de la sociedad ideada en ‘El contrato social’. Isaiah Berlín consideraba a Rousseau como el padre del totalitarismo, un totalitarismo que se impone poco a poco, bajo apariencias de libertad.

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Libro Montessori

P. Ni instrucción directa ni aprendizaje por descubrimiento: ¿es el método Montessori una tercera vía frente a las discusiones maniqueas entre esas dos tendencias educativas?

R. Los que aborrecen la instrucción directa demonizan la clase magistral. Los que aborrecen el aprendizaje por descubrimiento demonizan los métodos activos. Ese dilema es falso. Las metodologías activas suelen hacer hincapié en la actividad externa del alumno. La actividad espontánea propuesta por Montessori no es necesariamente visible. El ejercicio mental, el silencio y la concentración son muestras de disciplina interior. Sin ella, el niño no supera la fatiga y los aprendizajes no son posibles. En realidad, no solo se entiende lo que se descubre, se puede también entender lo que se recibe (por medio de la instrucción directa o del ambiente preparado, por ejemplo). Lo que se aprende porque nos lo enseñan, si lo entendemos, también lo descubrimos.

P. Para muchos padres, incluso profesores o educadores, Montessori es “aprender jugando”. Nada más lejos de la realidad, ¿verdad?

R. El uso de la palabra ‘jugar’ para referirse a la educación Montessori es incorrecto. Para ella, el niño profundamente atento y concentrado está trabajando en silencio, no jugando. En 1911, Montessori observa que los niños que aprenden a realizar tareas intelectuales, como por ejemplo reconocer las letras, pierden interés por los juguetes. Empieza a ver los juguetes como un refugio en ausencia de un mayor reto para ellos y decide sacarlos definitivamente de sus aulas porque interfieren con el esfuerzo.

“Sospechen de todos los métodos que hablan de aprendizaje acelerado”

P. ¿Cuál es el enfoque de Montessori respecto al esfuerzo, y como difiere del enfoque de la educación nueva?

R. La educación nueva del siglo XX (y también la actual) aborrece el esfuerzo y se empeña en rebajar las exigencias para disminuirlo. No en vano habla Montessori de la Educación Nueva como de un movimiento que aspira a la ignorancia. Según Montessori, cuando el niño está absorbido o completamente concentrado trabajando, no es consciente del empeño que está poniendo en la tarea y ese esfuerzo se ve compensado por la satisfacción que da la alegría de aprender. El esfuerzo es, de alguna forma, placentero.

P. Muchos padres parecen recurrir a Montessori para acelerar los aprendizajes de sus hijos, pero la propia Montessori no era partidaria de ello. ¿Es un error utilizarlo con tal objetivo?

R. Eso ocurre porque los alumnos Montessori aprenden a leer y escribir desde los 3 años. Lo hacen a su ritmo, siguiendo un método sensorial, pues los niños de esa edad aun no tienen capacidad de abstracción. No hay recetas mágicas en educación, todo es lento y lleva su tiempo. Se trata de hacer lo adecuado en cada etapa. Y si se hace, el resultado se nos dará por añadidura. Sospechen de todos los métodos que hablan de aprendizaje “acelerado”.

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Maria Montessori, en 1935. (Cordon Press)

P. Hoy en día el método Montessori va mucho más allá de los límites de la obra de su autora y, por ejemplo, es común encontrarlo incluso en secundaria. ¿Tiene sentido?

R. Ella dijo que su método era aplicable en esa etapa, pero no concretó tanto como se debía llevar a cabo. Personalmente, creo que es la etapa en la que el sistema Montessori está menos “logrado”, pero aquí me refiero a su aplicación, no en los principios de la autora. Muchas escuelas secundarias Montessori aspiran a ser escuelas “Summerhill”, parecida a las Escuelas Nuevas que abrieron el camino a la Educación Nueva del inicio del siglo XX. Por las mismas razones por las que no compartía los planteamientos de Rousseau, Montessori aborrecía la Educación Nueva tal como la planteaban sus contemporáneos, como DeweyFerrièreClaparède o Bovet.

P. Resulta llamativo que uno de los apelativos que se han utilizado para atacar a Montessori haya sido el de “fascista fracasada”. ¿Cómo debemos entender esa acusación que recoge su biógrafo De Giorgi?

R. Más que una acusación, es una absolución tras una confesión. El Mussolini con el que Montessori había pactado en 1924 no era el mismo que el Mussolini que Montessori humilló declinando su invitación a ser embajadora de la infancia en representación del gobierno fascista en 1934. Por dar un platón a Mussolini, Montessori perdió todo; el régimen cerró sus colegios en Italia y tuvo que exiliarse a Barcelona. Cuando De Giorgi dice que Montessori fue una “fascista fracasada”, quiere decir que, si bien accedió inicialmente a que sus colegios fuesen integrados dentro del régimen, apoyando ideas como por ejemplo el orgullo nacional o la disciplina, dejó de hacerlo cuando se dio cuenta de lo que Mussolini tenía en mente. No quiso ser instrumento de algo tan siniestro. Cuando la gente dice que Montessori fue fascista, es que pecan de presentismo histórico, que consiste en someter la interpretación de hechos pasados a una mentalidad actual. La historia permite entiende la realidad no por lo que es, sino por lo que fue.

Foto: Escuela libre Micael. (Foto: Pablo López Learte)

El ‘boom’ de la educación libre en EspañaÁngel Villarino Fotografías: Enrique Villarino

P. ¿Sufren algunas de las aplicaciones actuales de Montessori en escuelas de ese mismo presentismo?

R. Sí. Cuando Montessori da importancia a la educación sensorial y lamenta que los niños padecen una carencia sensorial, hay que entender esa afirmación en el contexto de la Italia del inicio del siglo XX. Los bebés estaban inmovilizados en telas desde su nacimiento y en las familias de la burguesía italiana, había niños cuyas niñeras hacían todo por ellos: les vestían, les peinaban, les daban de comer. El niño se consideraba un ente pasivo. Ahora, la sobreestimulación está a la orden del día. Leer acerca de la importancia que da Montessori a la educación sensorial sin entender ese contexto puede llevar a defender la sobreestimulación, nada más lejos de lo que ella pretendía. Ella insistía en que la educación sensorial consistía en afinar la sensibilidad, para que el niño sepa percibir correctamente la realidad, el objetivo nunca ha sido la estimulación en sí.

P. Otra cuestión es la utilización de los materiales descontextualizados. Doy una vuelta por internet y me encuentro con mochilas Montessori, paraguas Montessori… ¿Tienen sentido esos materiales fuera del aula y lejos del “guía”?

R. Es completamente absurdo. Pero iría más lejos. Incluso el propio material Montessori (ej. la Torre Rosa) no tendría sentido sin la explicación de la guía y el espíritu del método. El sistema educativo montessoriano, como cualquier otro sistema, es una combinación de unos principios (una filosofía, un espíritu, unas creencias, etc.) y de unos métodos (una forma de hacer, unos materiales, un sistema, etc.). El encaje de los principios y del Método en el sistema montessoriano es tal que una persona que no entendiera los principios que fundamentan el Método no podría llevarlo a cabo, o hacerlo se convertiría en una especie de caricatura.

“Por dar un platón a Mussolini, Montessori perdió todo”

P. Hablando de caricatura, cita a Hélène Lubienska, que lamentaba que la aplicación del método sin comprender sus causas profundas podía convertirse en “ritualismo”. Como ocurría con el presentismo, ¿no hay demasiado ritualismo en algunas aplicaciones del método actuales? ¿Demasiada preocupación por el método o sus materiales y poca por sus fines?

R. Cuando el fin de la educación no está claro en la mente del educador, corremos el riesgo de entrar en una confusión ende valores por la que se confunde el medio con el fin. Ese es el riesgo que corren todos los métodos educativos, desde el momento en que se comercializan. Cada vez que se pierde de vista el fin -o que se actúa como si no existiera- se corre el riesgo de exagerar la importancia del medio, de detenerse en ello, incluso de venerarlo, hasta convertirlo en un estorbo en reacción con el fin que generó. Entonces, en vez de aproximarse al fin, se produce un alelamiento del mismo. Porque un método en sí no educa. Educa la persona, desde su visión implícita o explicita de los fines de la educación.

P. ¿No es sorprendente que, como recuerda en el libro, que apenas haya estudios científicos actuales que validen su método? ¿Por qué esa resistencia?

R. Al ubicarla en la tradición romántica, muchos de sus seguidores suelen pertenecer a esa corriente educativa. La tradición educativa romántica tiende a ver con mal ojo la medición de resultados. El Romanticismo surge en contrapeso al racionalismo de la Ilustración o a la filosofía clásica; se deshace de la idea de que existen criterios objetivos, de forma que, si alguien hace uso de ellos, es un mentiroso o un loco. De hecho, algunos pedagogos progresistas se dieron cuenta de que Montessori iba por otro lado y le reprocharon su método de control del error.

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